miércoles, noviembre 30, 2005

La Inquisición

Capítulo VI

Las reyertas de los Reyes de Castilla y Aragón con el Papado

Ante tanto abuso, el Papa, el 22 de enero de 1482, suspendió la Bula Papal de 1478, que había conseguido el dominico Tomás de Torquemada.

Para justificar dicha suspensión el Papa Sixto escribió lo siguiente refiriéndose a la Inquisición en España “sin consideración de la ley, ha encarcelado a muchas personas injustamente, las ha sometido a espantosos tormentos y los ha declarado herejes injustamente, despojándoles, después de su muerte, de todos sus bienes”.

De lo señalado por Sixto IV queda claro que en la mayoría de los casos, como ya lo hemos indicado en la introducción de este documento, sirvió La Inquisición, como una excusa para despojar a muchos de sus riquezas y posesiones territoriales, y en otras para desatar querellas y dirimir viejas rencillas entre Eclesiásticos, como más adelante lo veremos en los casos de Fray Luís de León o de la propia Teresa de Jesús.

El 11 de febrero de 1482, el Papa reorganiza la Inquisición Sevillana sometida ahora, a su plena autoridad, nombrando nuevos inquisidores.

El 18 de abril de ese mismo año el Papa condena de igual manera a la Inquisición de Aragón. Refiriéndose a ese reino el Papa Sixto escribe “En ese reino, la Inquisición no ha sido estimulada por el celo de la Fe y de la Salvación de las almas sino por la codicia y el afán de riquezas”

Establece Sixto varias reformas como:

1. - Los acusados deben conocer los nombres de sus acusadores.
2. - Que los Obispos debían presidir los juicios junto a los inquisidores
3. - El papado atendería las apelaciones de los acusados.
4. - Que los herejes podían ser absueltos tras una confesión que debía ser secreta

Estas reformas, aunque no restaban la ilegitimidad de obligar a pensar igual desde el punto de vista de fe, hacían a la Inquisición adoptar una posición más humana y piadosa, alejándola de prácticas que se contradecían con la misma fe y sustancia de lo que decían proteger.

Rápidamente Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, protestaron por la actitud del Papa, diciéndole que estaba avasallando la autoridad real. Expresaron al Papa que se negaban a acatar las órdenes papales ya que si la Inquisición no estaba bajo la autoridad real, jamás la herejía sería desterrada de Castilla y Aragón.

En mayo de 1482 Fernando de Aragón le escribe al Papa “si por casualidad se han hecho concesiones debido a la persistencia y la astucia persuasiva de los conversos, no permitiré que cobren vigencia. Por lo tanto cuidaos de que las cosas no vayan más lejos, revocando cualquier concesión anterior y confiándonos el cuidado de este asunto”

La amenaza hacia el papado no podía ser más clara y no llamaba a engaño, ya que era costumbre de Reyes y Emperadores, cada cierto tiempo, alzarse contra la autoridad del Papa, que erigiéndose como representante de Dios en la tierra, intervenía directamente en temas materiales como espirituales.

En el fondo las críticas de los Reyes Católicos buscaban desalentar al papa de toda reforma, que impidiera que la Inquisición se transformara en un elemento de poder y de adquisición de riquezas, sin ocultar, además, veladamente la intención de controlar la Iglesia de España que contaba con grandes posesiones y mucho dinero.

En dos oportunidades ya el Papa había desoído el pedido de Fernando.

El Papa decide entonces, enviar a la ciudad de Medina del Campo, donde se encontraban los Reyes, a un embajador especial llamado Domingo Centurión, pero los monarcas, como una manera de demostrar su malestar al Pontífice, deciden no recibirle.

Las relaciones con el Papado empeoraron notoriamente y el Papa Sixto IV en represalia, mandó a integrantes de su ejército a arrestar al embajador de Castilla ante Roma.

Por su parte Fernando respondió arrestando al nuncio Papal y retiró a todos sus representantes desde la Santa Sede.

Y se llega a un momento extremo en las deterioradas relaciones, cuando Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, amenazan al Papa con convocar a un concilio general de todos los príncipes de la Cristiandad, con el propósito de reformar La Iglesia Católica.

Como las cosas estaban llegando a un nivel de tensión altamente peligrosa, y de incalculables consecuencias futuras, los Cardenales Borgia y Mendoza deciden intervenir mediando entre litigantes de tan alta alcurnia.

Finalmente, el Papa cede posiciones, agobiado por las amenazas políticas y Religiosas de los Reyes Católicos. No debe olvidarse que el Papa no solo debía velar por la sanidad espiritual de sus feligreses, además, tenía que cuidar sus propios territorios, siempre amenazados por soberanos ambiciosos. Los estados Papales estaban compuestos, a ese año, por Roma, Venecia, Florencia y Nápoles.

El 3 de julio de 1482, accediendo a una de las peticiones de Fernando, retira a su sobrino Rafael Sansonio del Obispado de Cuenca, designando en su reemplazo al capellán de Isabel la Católica Alfonso de Burgos y en octubre el Papa invalida finalmente la bula de abril, donde pretendía suavizar los procedimientos de la Inquisición.

En diciembre designa el Papa como Cardenal de Toledo al Cardenal Alfredo de Mendoza.

Por último en un gesto final de acercamiento, el 10 de agosto, el Papa otorga a Isabel y Fernando una bula de cruzada para una guerra santa.
Además de ello el Rey y la Reina recibían nuevas indulgencias o cartas papales que se distribuyeron en todas las Iglesias de Castilla y Aragón que, previo pago de los feligreses, garantizaban su salvación después de muertos.

Estas indulgencias eran muy apreciadas ya que contribuían a llenar las arcas reales, bastante desgastadas por las continuas guerras contra los moros.

Por su parte a los soldados que se enrolaban en los ejércitos de Fernando e Isabel, que morían en batalla se les garantizaba, por parte del Papa, que al llegar al cielo serían considerados mártires de la fe.

Finalmente, el Papa entregó indulgencias para usufructo de los Reyes, para que los que no combatían, pero ayudaban económicamente a la causa, también se salvaran.

En un año - 1482 - en solo algunos meses, de abril a agosto, las cosas cambiaron en uno y otro sentido, para llegar al mismo punto de partida y con mejores garantías para los soberanos de Castilla y Aragón.

Sixto IV había cambiado totalmente su posición y, en respuesta a la acusación de los Obispos de Sevilla, seña que no albergaba ninguna sospecha, en lo que dichos Obispos señalaban que los Inquisidores actuaban más por ambición y por deseos de bienes temporales que por celo de la Fe y de la verdad católicas.

El Papa Sixto IV nació el año 1414, y fue nombrado Papa el año 1471, desempeñando ese alto cargo hasta su muerte en el año 1484.
Fue famoso como mecenas de las artes y de las letras, aunque su pontificado estuvo signado por las intrigas políticas y la corrupción. Su verdadero nombre era Francesco della Rovere, nacido en Celle Ligare, cerca de Savona. Pertenecía a la orden de los franciscanos, a la cual había ingresado en su juventud. El año 1464 fue nominado superior de los franciscanos y tres años más tarde consagrado cardenal.

Durante su pontificado se construyó la capilla Sixtina, de allí su nombre.
Declaró la guerra a Florencia que se prolongó por dos años (1478-1480).

Fue muy criticado por su actos de nepotismos (favorecer a familiares), y por dedicarse a asuntos materiales más que espirituales.

En todo, los abusos de la Inquisición existieron, y aunque el Papado no participó directamente en la concreción de esos excesos, es claro que existió complicidad y complacencia en el dejar hacer.